Mitos y verdades sobre la «zona de confort»

por Claudina | Abr 15, 2026 | Reflexiones que transforman

En los últimos años, la frase “hay que salir de la zona de confort” se volvió un mantra que repetimos casi sin pensar. Está en redes, en conversaciones cotidianas y en cualquier espacio donde se habla de cambios, crecimiento o reinvención.

Pero pocas veces nos detenemos a revisar qué queremos decir cuando hablamos de zona de confort, o si salir de ahí es siempre la respuesta. La zona de confort no es mala en sí misma, pero puede estar asociada a sensaciones y dinámicas que no nos permiten avanzar. Por eso propongo pensar tres escenarios posibles para identificar si la necesidad de quedarnos o salir de ese lugar es genuina y está alineada con nuestra búsqueda de vida.

El primero es cuando la zona de confort deriva en una especie de «adormecimiento», de falta de iniciativa o «fiaca» para cambiar aquello con lo que no estamos a gusto. Cuando notamos una comodidad que nos anestesia respecto de quienes somos, cuando nos cuesta levantarnos todas las mañanas y hacemos todo en piloto automático, cuando no encontramos motivación en lo que hacemos a diario, es momento de sacudir la modorra y buscar un cambio que nos permita liberarnos de esa «comodidad» que en realidad no nos beneficia.

El segundo tiene que ver con el estrés. En este último tiempo muchas personas decidieron dejar atrás su trabajo para iniciar un proyecto propio. En ese camino, algunos se convirtieron en detractores acérrimos de la relación de dependencia, queriendo evangelizar a todos para que «salgan de su zona de confort» y abandonen ese trabajo rutinario. En este caso, cuando pensamos en un cambio no deberíamos enfocarnos en el «confort» que genera un determinado trabajo sino, por el contrario, si es necesario en función del estrés que nos produce. Porque es verdad que hay muchas personas que encuentran alienante y estresante ir todos los días a una oficina, pero para otras el sueldo fijo a principio de mes y el cumplimento de metas claras es un alivio. Lo mismo pasa del otro lado: a algunos la incertidumbre que trae aparejada un proyecto nuevo les despierta adrenalina y felicidad, pero para otros implica un nivel de estrés que no tienen ganas de atravesar.

El tercer escenario tiene que ver con el deseo de demostrar felicidad. Las redes sociales tienen mucho que ver con esto y con la sensación de que al resto le va mejor o que le es más fácil o que es más feliz. Cada vez mas las redes sociales son ocupadas por medios enormes, con grandes recursos y mucha publicidad los límites entre posteos estrategicos de empresas y publicaciones personales son cada vez más difusos: por un lado tenemos la comunicación con nuestro entorno cercano pero por otro nos encontramos en el mismo medio con marcas y personajes ficticios que nos venden vidas y niveles de felicidad imposibles de alcanzar. Asumir que la bloguera hiper feliz de Instagram es tan ficticia como el Mr. Músculo de la tele es una manera de entender que la felicidad no es un concepto que pueda generalizarse, sino que tiene que ver con una búsqueda muy personal. Con la zona de confort pasa lo mismo.

En definitiva, la necesidad de salir o quedarse en esa zona de confort no viene dada desde afuera, sino que forma parte del autoconocimiento, de detectar lo que es mejor para cada uno, de estar registrándose permanentemente y de manera consciente para entender qué es lo que nos hace bien.