¿Qué sentimos por nuestro trabajo?

por Claudina | Abr 15, 2026 | Reflexiones que transforman

¿Qué sentimos por nuestro trabajo?

Hace tiempo tenía la inquietud de saber qué sienten las personas frente a su trabajo más allá de lo que vemos a diario en Glimar. Quienes consultan suelen estar atravesando momentos de duda o crisis y eso introduce un sesgo inevitable. Me preguntaba entonces qué pasa con el resto, con quienes siguen sosteniendo su ritmo, con quienes funcionan, con quienes no necesariamente están en un momento crítico, pero tampoco en un lugar del todo elegido. Para explorar esa pregunta, subí en septiembre de 2025 una encuesta muy simple a LinkedIn: ¿qué sentís por tu trabajo?

Las opciones disponibles, que permitían expresar desde la elección hasta el hartazgo, fueron:

“Es lo que elijo” → 54%
“Lo hago y listo” → 21%
“No me gusta” → 7%
“Me quiero ir” → 18%

Estos datos no son solo respuestas: son posiciones narrativas dentro de un vínculo. No solo muestran porcentajes, también revelan climas emocionales, mandatos silenciosos y deseos de cambio.

“Es lo que elijo”: la que más me intriga, la que más desconozco y me llena de preguntas. ¿Qué se elige realmente: el contenido, el entorno, el sentido?

“Lo hago y listo”: representa el intervalo del hacer sin deseo. Una zona gris donde el trabajo se vuelve trámite, rutina, subsistencia. ¿Qué emociones se silencian en ese “listo”?

“No me gusta” y “Me quiero ir”: son voces que nombran el malestar. Pero también el deseo de ruptura, de cambio, de otro relato posible. ¿Qué condiciones habilitan que ese deseo se transforme en acción? ¿Qué lealtades invisibles sostienen un trabajo que ya no se desea? ¿Qué temores impiden elegir otra cosa? ¿Qué narrativas habilitan el cambio?

El vínculo con el trabajo es móvil y, en muchos casos, frágil. Hoy convivimos con trayectorias que cambian de rumbo varias veces, con roles híbridos, con búsquedas constantes. Una misma persona puede sentirse elegida y agotada en el mismo mes. Por eso estas respuestas importan: porque muestran que el trabajo no es solo un medio de vida, sino un espacio emocional que sostiene —o desgasta— nuestra identidad. Pensar qué sentimos por nuestro trabajo es una forma de cuidado. Y nombrarlo, aunque sea en una encuesta, puede convertirse en una invitación a revisar cómo estamos habitando ese espacio.

Si te interesa seguir profundizando en cómo nos relacionamos con el trabajo y cómo pedimos ayuda cuando algo se desordena, podés leer la siguiente reflexión a partir de la segunda encuesta: ¿Pedimos ayuda de la misma forma según nuestro género?